A ver qué mea Trump

Leo que van a habilitar una clase especial para viajeros con alto poder adquisitivo (licántropos, vampiros y golems) que no tendrán que someterse a las pruebas médicas fraudulentas para entrar en Londres, las famosas PCR (Pa’ Caerse de la Risa). Esto me hace pensar en el mundo que viene y trato de encontrarle sentido a cómo podrá uno aplicar sus conocimientos y habilidades ingenieriles y programáticas en un panorama así. No lo veo. En el nuevo mundo, los potentados por fin podrán ir impunemente por un lado preferente, mientras que los animales-personas irán por otro lado de segunda, en el que se les someterá a todo tipo de aberraciones: pruebas inútiles, vacunas tóxicas, cartillas sanitarias, chips para control de movimiento… ¿Es todo un asunto de placer sádico al ejercitar el poder? Es de esperar que al darnos este trato de animales, sean veterinarios los que se encarguen del control y la salud precarizada de los nuevos rebaños. Bueno: al menos hemos descubierto unos estudios con futuro: hágase usted veterinario.

La pregunta es: ¿para qué querrían los ricachones/licántropos moverse de Londres a Madrid en un mundo así? ¿Solo por el placer de pisotear y torturar a la gente en otros lares? ¿Se quejan y lloran los españoles de forma distinta a los ingleses? ¿Se mueren de otra manera cuando se les pincha el ARN mensajero del licántropo sr Puertas? ¿De donde van a seguir robando si ya no pueden montar guerras preventivas, atentados de falsa bandera y/o pandemias fraudulentas? ¿Realmente se piensan que una sociedad de amos y esclavos tiene futuro más allá de una o dos generaciones, incluso aunque nos droguen, nos vacunen, nos pongan chips y nos esterilicen? ¿Han calculado cuántos policías harían falta para conseguir que esos esclavos trabajasen? ¿Es todo un plan simple y burdo de exterminio para quedarse ellos solos con sus robots como sirvientes?

Aunque no veo las noticias en los grandes canales, sé por lo que me cuentan amigos y “allegados” que buena parte de la gente está muy entretenida con Trump y piensa que este buen señor le va a sacar las castañas del fuego de una vida que le están robando delante de sus narices con mil trucos visuales, engaños informativos, abusos médicos, corporativos y policiales, ante su apocamiento y cobardía generalizada. Vaya porquería de sociedad, que acepta ponerse el bozal de los perros hecho de cualquier trapo e incluso acepta y vigila que se lo pongan sus hijos, a los cuales se les está creando un perjuicio de por vida. Trump nunca tuvo intención de salvarnos, pero es que tampoco nos lo merecemos. Esas cosas se las tiene que hacer uno mismo, no esperar que se las dé hechas un millonario, por muy patriota que sea.

En el fondo, la gente, tanto el colaboracionista covidiano, como el “tiene que haber algo, macho” vacilante, como el negacionista recalcitrante, saben que estamos ante un callejón sin salida, un despeñadero al que nos están empujando los licántropos a través de nuestros políticos y médicos, con los periodistas susurrando las mentiras necesarias, y las fuerzas del orden ladrando y mordiendo las corvas en plan abusica (otros que tal, no se dan cuenta de que ellos van a ser los siguientes), todo para mantener el miedo en el ambiente y que así los ovejos cedamos otro paso más. Y de momento estamos cediendo, cediendo mucho más de lo sensato.

El covid19 es una farsa. Ya casi nadie se escandaliza ante esta afirmación. Ahí están las evidencias delante de nuestras narices: virus no aislado, pruebas diagnósticas no específicas, enfermedad no nueva, menos muertos que el año pasado, la gripe desaparecida del mapa… Pero estamos divididos y asustados esperando, unos a que llegue la vacuna, otros a pasar desapercibidos, y otros a ver qué mea Trump. Pronto estaremos ya al borde del despeñadero. ¿Qué hará el ser humano en esta encrucijada clave de su historia?

A quien todavía espera

Saludo a todos esos que creen que esto todavía se remedia con un partido político distinto en el gobierno y con tres o cuatro leyes nuevas. Buenos días de lunes. Amanece y me preparo para darle ocho horas más al trabajo asalariado en el que se marchita lo poco que supe un día, cuando la vida todavía albergaba una cosa que se llama futuro, y que hoy ha dejado de existir.

Mascarillas y gel de manos, miedo, hipocresía, cobardía: características todas del mundo decadente en el que los de mi época hemos vivido cinco décadas sin darnos cuenta del panorama que nos rodeaba. Algo sospechábamos, sí. Pero nos empeñábamos en mirar la parte positiva de las cosas. Años y años de estudio y exámenes, de títulos que duermen en carpetas olvidadas, para comprobar al fin que es todo labor inútil.

Es tiempo de revelación, de descubrimiento de verdades que permanecían ocultas. En menos de un año, desde que empezó todo este fraude sanitario, he visto abrirse ante mis ojos la verdadera radiografía de mi país: un antro de mafiosos y criminales, de embusteros y mercenarios, de vendidos y cobardes. El paraíso de la sanidad, de la policía cívica y de la calidad de vida ha caído en picado en unos meses para desvelar una clase política teatrera, corrupta y servil con los intereses globalistas, unas fuerzas del orden encantadas con el pisoteo de los derechos humanos, un servicio de inteligencia que se dedica solo a conspirar contra sus propios ciudadanos, y una prensa vil, venal y mendaz que practica la censura y el terrorismo informativo. El Estado, en su voracidad de crecimiento geométrico ha empezado a morderse sus propios pies y está contento porque le sigue pareciendo que así manda más, sin comprender que se está autodestruyendo.

Todo esta vendido, todo está comprado. Baja la bolsa, sube el pescado. Somos la generación perdida, aplastada por un Sistema que ha ido acumulando poder en pocas manos hasta que la propia voluntad de poder lo está matando. La declaración de derechos humanos sigue vigente, pero no se respeta; la Constitución sigue vigente, pero no se respeta. La humanidad parece existir aún, bebiendo café a escondidas en algún rincón de un bar de carretera en medio de la nada, pero está en trance de desaparición según la hemos conocido. Si ha de sobrevivir a esta era del control total de la Agenda 2030, será de una nueva forma. Si ha de vivir con libertad, verdad y justicia, está claro que este Sistema no se las va a dar. Solo queda la lucha, que habrá de empezarse en solitario, pues nos han dividido de mil maneras: viejos contra jóvenes, hombres contra mujeres… hasta que al fin, un día, quizás encontremos la forma de unirnos.