A quien todavía espera


Saludo a todos esos que creen que esto todavía se remedia con un partido político distinto en el gobierno y con tres o cuatro leyes nuevas. Buenos días de lunes. Amanece y me preparo para darle ocho horas más al trabajo asalariado en el que se marchita lo poco que supe un día, cuando la vida todavía albergaba una cosa que se llama futuro, y que hoy ha dejado de existir.

Mascarillas y gel de manos, miedo, hipocresía, cobardía: características todas del mundo decadente en el que los de mi época hemos vivido cinco décadas sin darnos cuenta del panorama que nos rodeaba. Algo sospechábamos, sí. Pero nos empeñábamos en mirar la parte positiva de las cosas. Años y años de estudio y exámenes, de títulos que duermen en carpetas olvidadas, para comprobar al fin que es todo labor inútil.

Es tiempo de revelación, de descubrimiento de verdades que permanecían ocultas. En menos de un año, desde que empezó todo este fraude sanitario, he visto abrirse ante mis ojos la verdadera radiografía de mi país: un antro de mafiosos y criminales, de embusteros y mercenarios, de vendidos y cobardes. El paraíso de la sanidad, de la policía cívica y de la calidad de vida ha caído en picado en unos meses para desvelar una clase política teatrera, corrupta y servil con los intereses globalistas, unas fuerzas del orden encantadas con el pisoteo de los derechos humanos, un servicio de inteligencia que se dedica solo a conspirar contra sus propios ciudadanos, y una prensa vil, venal y mendaz que practica la censura y el terrorismo informativo. El Estado, en su voracidad de crecimiento geométrico ha empezado a morderse sus propios pies y está contento porque le sigue pareciendo que así manda más, sin comprender que se está autodestruyendo.

Todo esta vendido, todo está comprado. Baja la bolsa, sube el pescado. Somos la generación perdida, aplastada por un Sistema que ha ido acumulando poder en pocas manos hasta que la propia voluntad de poder lo está matando. La declaración de derechos humanos sigue vigente, pero no se respeta; la Constitución sigue vigente, pero no se respeta. La humanidad parece existir aún, bebiendo café a escondidas en algún rincón de un bar de carretera en medio de la nada, pero está en trance de desaparición según la hemos conocido. Si ha de sobrevivir a esta era del control total de la Agenda 2030, será de una nueva forma. Si ha de vivir con libertad, verdad y justicia, está claro que este Sistema no se las va a dar. Solo queda la lucha, que habrá de empezarse en solitario, pues nos han dividido de mil maneras: viejos contra jóvenes, hombres contra mujeres… hasta que al fin, un día, quizás encontremos la forma de unirnos.

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