Uno de los suyos en el metaverso


En muchas películas de la mafia, sociedad secreta por excelencia, hemos visto el siniestro final que el sistema tiene previsto para aquellos que le sobran; cavarán su propia tumba en medio de un desierto inmenso antes de que su vigilante, uno de los suyos, les dé el tiro de gracia y les eche tierra encima para quedar sepultados y olvidados como si nunca hubieran existido. Y eso precisamente se me antoja que estamos haciendo con nuestra actitud ante el sistema totalitario que se ha revelado, ya sin sombra de duda, con la plandemia del coronafraude.

Transhumanos se preparan para entrar a ganar pasta en el metaverso

La Agenda 2030 es la plasmación de esa sepultura que está planeada para la agonizante sociedad del bienestar que un día nos prometió apartamentos gratis en Marte y que hoy ha rebajado sus ofertas a las vacunas obligatorias para virus no aislados colados con mentira mediática y al pinche metaverso con base en drogas: mentira sobre mentira sobre mentira. Si aceptamos y consentimos en estos pinchazos a la fuerza, en el pasaporte verde digital, en el dinero digital, estaremos dando nuestro consentimiento y cavando con nuestras propias manos el hoyo de la civilización que se llamó occidental en un desierto incabable que ya está construido. Una vez enterrada, bastará solo uno o dos años para que no quede nada de ella y nadie se acuerde más de Aquiles, de Ulises, de Cincinato, de la Biblia y de El quijote. Pero no solo se trata de eso.

Está por ver si es suficiente con no consentir, como todavía insisten algunos maestros, o si el estado de podredumbre es tan avanzado que el grueso de la humanidad ya no tiene solución y los que quieran seguir siendo humanos, conservar su dignidad, tendrán que ir más lejos y abandonar el sistema en toda la extensión del término, defendiendo su opción con el uso de la fuerza si es preciso (y aceptando las consecuencias inevitables que esto traerá: muerte, tortura, prisión en campos de concentración, resistencia en la clandestinidad) contra los perros y las hienas del sistema y contra sus propios antiguos coespecímenes, convertidos en transhumanos digitales y en dispuestos colaboracionistas de las mismas mafias que les quitaron su condición de humanos pero les dieron el pasaporte verde.

Si atendemos al fondo de la cuestión, vemos que nos encontramos ante una reedición ampliada de tantos y tantos episodios de la historia humana, que se puede mirar como una serie de ensayos de totalitarismo con ciertos niveles de libertad, a nivel de imperio o de nación, que desembocan en este intento planetario de control total digital de la sociedad para esclavizarla y ponerla en manos de una criptocracia que, esta es la novedad, pretende dejar las libertades a cero, en todas partes y para los restos.

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