Inteligencia, codicia y crisis financiera

Inteligencia codicia y crisis financiera

Inteligencia codicia y crisis financiera

Uno de los contrasentidos más grandes de la reciente crisis financiera que no terminamos de superar es el misterio de la inteligencia mal empleada, que se puede resumir así: Siendo evidente que cada vez la gente está más preparada y con más estudios, y que cada vez contamos con más medios auxiliares, es decir, que contamos con más capacidad intelectual y computacional: ¿Cómo es posible que sigan ocurriendo catástrofes como el batacazo financiero de 2008?

El primer error está en pensar que el aumento de la capacidad de eso a lo que llamamos inteligencia es, en sí mismo, bueno para el ser humano. Llamamos inteligencia a la mera capacidad intelectual de una persona y la sobrevaloramos todos los días. Alabamos a los niños y mayores que tienen altos Coeficientes de Inteligencia, IQ, cuando eso solo representa la parte lógica y analítica de sus mentes, pero no nos da ninguna muestra de la parte creativa, de la parte intuitiva y mucho menos de la parte amorosa o cariñosa o cuidadora, como queramos llamarla. Los padres se funden de orgullo ante un hijo tan “listo”, sin preocuparse de si es capaz de cuidarse de las cosas que le importan como individuo y como parte del grupo. Creen que esa gran capacidad intelectual ya es la garantía para un buen puesto y un buen sueldo y el resto les importa un pimiento. Las plantillas de las corporaciones estaban a rebosar de primeros espadas, brillantes mentes analíticas que hacían complejísimas hojas de cálculo en las que estimaban los dividendos de unas inversiones que, al fin y a la postre, estaban llevando al mundo al trompazo. Casi nadie entre esas lumbreras se preocupó por ir más allá de la lógica de sus modelos, por denunciar la realidad que subyacía ese sistema de hipotecas subprime y acciones preferentes. Los que lo sabían, preferían ignorarlo y seguir instalados en el corto plazo, pensando de una forma, sintiendo de otra, y actuando de otra. Los que no lo sabían, ni se molestaron en investigarlo porque la parte de su mente que se ocupa del cariño al mundo, de la preocupación por los demás y por su ambiente, estaba apagada, muerta, cortocircuitada, pese a ese enorme IQ que lo hace digno de entrar en Mensa.

El segundo error es la codicia; la religión del dinero. A nivel individual, un trabajo con mejor sueldo es mejor que otro, sea cual sea el resto de las circunstancias. Las madres ya no recomiendan a sus hijos que hagan lo que les gusta, sino que hagan aquello en lo que ganen más dinero. A nivel de corporaciones, el gestor quiere dar beneficios, no ya durante el primer año, sino incluso durante el primer mes que está a cargo. Y si hace falta se falsifican las cuentas. A nivel de estados casi prefiero no hablar porque sus cimientos, que son la educación de la gente, están corrompidos. En nuestros sistemas educativos modernos, todo está orientado a potenciar las capacidades analíticas y lógicas que construyen el IQ, y le pueden dar dos duros a la creatividad, a la intuición y al cariño y la preocupación por el mundo. El mundo está para explotarlo y sacar beneficio inmediato, como está pasando con el fracking. Lo que pase con los que vengan detrás no es cosa nuestra. Y así nos las van a seguir dando todas mientras no cambiemos. El cortoplacismo manda, el salvándome yo, el que venga detrás que arrée. ¿Y te salvas tú? No. Nos caemos todos.

Darwin y los males del siglo XX

Darwin y los grandes males del siglo XX smallEn la Tribuna Libre del viernes 26 de diciembre de 2008, el Sr. Herrero Brasas concluye que no hay que asumir ciega o fanáticamente lo que la ciencia y los intereses que subyacen a ella en cada momento histórico nos presentan como absolutamente evidente e incontrovertible.

Me parece perfecto y estoy de acuerdo en que todo aquel que se denomine científico no tendrá ningún problema en aceptar una nueva teoría que desmienta complemente, o sustituya a la que está vigente, aunque él sea el autor. Encontrará resistencias en el establishment o la nomenclatura que detente el podio científico en ese momento, aquellos que teman perder su silla, su cátedra o su prestigio, pero esos, aunque no lo sepan, habían dejado ya de ser científicos.

Esta conclusión general se apoya en un razonamiento extenso sobre la posible invalidez de la teoría de la selección natural de Darwin y las mutaciones genéticas, invalidez basada en el hecho de que las matemáticas y la estadística parecen indicar ahora que no ha habido tiempo para tanta mutación con efectos positivos. Dice también que esto está generando entre algunos pensadores la hipótesis científica de la existencia de un poder supremo.

¿Pensadores que están planteándose la hipótesis científica de existencia de un ser supremo, que además interviene? ¿Hipótesis científica? ¡Por el gran batracio verde! ¿Qué experimentos van a diseñar para probarla? Me muero de curiosidad. Les recuerdo que durante la revolución científica del siglo XVII, también existían grandes expectativas de que aparecieran pruebas de la magna obra de Dios ¿Qué van a concluir cuando siga sin aparecer? ¿Qué a lo mejor es un dios al que le gusta jugar al escondite?

Y además postulan un ser supremo interviniente. Entonces: ¿Cómo interviene? ¿En el día a día? ¿Sólo cuando se aburre? ¿Por qué entonces nos deja pruebas fósiles de evolución natural? ¿No sólo le gusta esconderse, sino también despistar? ¿Tiene algo que ver con las glaciaciones? ¿Controla el clima? ¿Por qué no? ¿Por qué si? ¿Estuvo implicado en la caída del meteorito de hace 65 millones de años? ¿Tomó partido por los cromañones frente a los neandertales o se inhibió en aquella supuesta disputa? ¿Cuándo calculan que intervendrá otra vez?

Con todo, lo más destacable, en mi opinión, es que en los tres primeros párrafos, el autor pone al pobre Darwin como condición necesaria para el marxismo, el nazismo y el racismo.

Y lo hace argumentando de esta manera:

  • Como “El Capital” se publicó nueve años después que “El Origen de las Especies”, de ahí ya se sigue que Marx estuvo fuertemente influenciado por Darwin.
  • Para justificar su influencia en el nazismo, el autor hace un triple salto mortal dialéctico que lo lleva a que la ideología nazi significa la eclosión de la convicción del hombre moderno de que la evolución darwiniana marca la dirección del progreso
  • Para justificar su influencia en el racismo dice simplemente que racismo y darwinismo social han ido de la mano a lo largo del siglo XX

El razonamiento me parece incorrecto e injusto y voy a explicar por qué.

Es incorrecto porque del hecho de que un libro haya sido publicado antes que otro, no se sigue que el último esté influenciado por el primero. Si quiere argumentar a favor de esto, acuda a razones concretas y a los contenidos de los libros, no a su fecha de publicación. Y es incorrecto porque, aunque odiosa y horrible, la ideología nazi no se puede conectar con la teoría de la evolución con una farragosa interpretación de su significado para el hombre moderno. Entiendo que detrás está la idea de la supervivencia del más fuerte, que para los nazis, si acaso, sería el dominio de los arios. En fin, ya antes de los nazis, y mucho antes de Darwin, hubo pueblos que pretendieron ser superiores y dominar al resto por la fuerza. El racismo existe desde mucho antes de Darwin, y tan desenfocado o tan acertado me parece hablar de darwinismo social después de Darwin, como antes. El comportamiento estaba ahí, y no se inventó después de Darwin, sino que algunos intentaron justificarse extrapolando de mala manera las conclusiones de una teoría que, hasta donde yo sé, Darwin nunca sacó del ámbito de la biología.

Es injusto porque consigue, y creo que busca intencionadamente, asociar a Darwin, un científico que se limitó a seguir las conclusiones lógicas del trabajo de su vida, con tres ideologías que son responsables de grandes masacres y mucho sufrimiento.

Como fondo general del artículo se transmite también ese inconfundible razonamiento falaz, basado en admitir que, como la física no puede descartar la existencia de un ser supremo, entonces éste debe existir. Inversión de la carga de la prueba y wishful thinking; dos falacias en una.