Mi único ovni

Mi unico ovni FS

Estuvimos escardando las pipas y llegó el crepúsculo cuando todavía nos faltaba una longuera, así que mi padre decidió alargar un poco la jornada para rematar y no tener que volver aposta otro día. Cuando plegamos y subimos al coche para volver al lugar, ya no quedaban tonos naranjas por poniente. Como yo era el más pequeño, me tocó el asiento de atrás y al empezar la marcha noté a través de la luna trasera la enorme luminaria, un poco por encima del horizonte. Quien no haya estado en el campo en una noche cerrada no se hará una idea de la enorme sensación de alarma que parece tomar al cuerpo por asalto. Se ve que llevamos grabada a fuego la programación de supervivencia y las señales de potenciales peligros incontrolados son ubicuas. Cualquier cosa puede aparecer desde cualquier sitio y no te enteras hasta que la tienes encima. En mi tierra el campo es abierto, con pocos árboles, y la sensación se multiplica por agorafobia.

Lo curioso de aquella luz es que parecía perseguir al coche. Se movía con las lomas y las curvas del camino y en el asiento de atrás se me empezó a encoger el estómago mientras daba por sentado que un ovni nos acechaba. Hablamos, quizás, de 1977, y de un niño de poco más de diez años sentado en el asiento de atrás de un coche. Delante conduce mi padre y en el asiento de al lado está mi hermano, cinco años mayor que yo. Desde su punto de vista el ovni no es visible. Ambos están, supongo, concentrados en el pequeño trecho que alumbran los faros y en que el coche no embarranque en una cuneta o se deje el cárter en uno de los numerosos baches del camino, lo cual a estas horas y en estas soledades sería ya la caraba.

Coronamos la loma tras la cual se ven las luces del lugar, pero yo no me tranquilizo porque el ovni sigue pegado a nuestro rastro. Estoy a punto de decir algo, pero me invade una sensación de ridículo infantil y me aguanto. Las luces de las farolas de los arrabales del pueblo ya matizan algo la desconocida antorcha, pero yo no salgo de mi asombro. Por fin el coche gira para encarar la entrada a la cochera y mi padre, que por fin tiene linea visual con el ovni, dice:

«Hay que ver que hermoso está el lucero esta noche.»

El lucero, que es como en los ambientes rurales de España se suele llamar al planeta Venus, es el objeto más brillante del cielo nocturno, después de el sol y la luna y mucho antes que los siguientes que son, por este orden creo, Júpiter, Sirio y Marte. Una vez leí, aunque esto no lo he comprobado, que con las condiciones apropiadas de oscuridad (luna nueva) y ausencia de obstáculos grandes, Venus es, junto al sol y la luna, una de las tres fuentes de luz extra terrestres que pueden hacer que los objetos arrojen sombra.

Venus sigue siendo a día de hoy objeto de numerosas confusiones con ovnis. En campo abierto y con noche cerrada, si uno se mueve por un terreno sinuoso en planta y rasante, tiene la viva impresión de que una luz de brillo descomunal lo sigue a todas partes. Doy fe de ello con el testimonio de este recuerdo de mi infancia, que de la forma relatada quedó grabado en mis circuitos neuronales.

Anuncios

Comportamientos poco ejemplares

No se puede huir de la realidad

El mundo nos ofrece ejemplos de todo el abanico de comportamientos y actitudes vitales, desde el honrado hasta el ladrón, desde el vago hasta el trabajador. Entre tanto, muchos siguen proponiendo que deberíamos crear una sociedad perfecta donde solo existiera la bondad dirigida desde arriba, a base de fuerza, control mental o drogas si fuera necesario. Pero eso sería como quedarnos solamente con un pliegue del abanico y fingir que todavía da aire. Eso sería como pretender que el blanco puede existir sin el negro o la luz sin la oscuridad. Eso sería como decir que el último habitante de la Tierra, cuando llegue el apocalipsis, será una persona alta. Existe el alto porque existe el bajo, el blanco porque existe el negro y la luz porque existe la oscuridad. Se prestan soporte mutuo y ningún extremo puede sostenerse sin el opuesto y sin toda la gama de tonos intermedios que los une.

Si la cada aspecto de la realidad no tuviera forma de abanico, nada podría sostenerse. Si el Creador hubiera querido una dictadura perfecta con reparto equitativo de bienes, nos habría dado un mundo ideal de luz y bondad sin opuestos. Pero tan ideal sería ese mundo que ni siquiera podríamos experimentar esa luz y esa bondad pues: ¿como se puede ser consciente de la salud sin haber visto ni sufrido la enfermedad? Por eso, en lugar de encontrarnos de golpe en un cielo obligatorio donde, por definición, no puede pasar nada, aparecemos en este mundo de oportunidades y opciones donde la “parranda” no cesa. Y es nuestra responsabilidad personal decidir si optamos por el bien o por el mal. Por eso, no lamentes el día en que alguien te ofreció un sobre con dinero; agradece que se te haya presentado esa oportunidad que te permitirá definirte, a nivel experimental, no ya en teoría, como bueno o como malo. Ya no es que estés en una conversación de bar con amiguetes y sueltes: “pues si me ofrecieran un sobre yo no lo cogería”. Ahora te lo están ofreciendo: ¿lo coges o no? Cuando hablabas en el bar no estabas haciendo más que surcos en el aire. Pero ahora con tu decisión real ante la experiencia real haces el mundo un poco más bueno o un poco más malo. No vayas luego y le eches la culpa a Franco o al club Builderberg.

Esta realidad espacio-temporal puede ser una oportunidad que el Creador nos ha dado para experimentar. Y esa experiencia requiere un marco físico de dualidad comparativa graduada, de modo que, una vez desarrollada la conciencia, somos nosotros los que elegimos en primera e intransferible persona: bien o mal, luz u oscuridad, cojo el sobre o no, incluso soy yo el que ofrece el sobre o no. Aquellos que tienen como ideal la dictadura perfecta deberían hacérselo mirar porque nos llevaría a un abanico con un solo pliegue, es decir a un abanico que no da aire. Hay que elegir entre varias oportunidades. No nos podemos escapar de elegir. Incluso cuando no hacemos nada estamos eligiendo no actuar y eso tiene consecuencias.

En cualquier caso, ya hubo en nuestra historia moral un ser iluminado que nos marcó el camino a una sociedad que podría llamarse el cielo en la Tierra y que no tendría nada de dictadura perfecta porque estaría compuesta por individuos radicalmente libres que habrían optado por el amor. Este ser fue Jesús, y su mensaje, que se empezó a tergiversar desde el primer momento, contiene todos los secretos que nos llevarían a un mundo regido por el amor, a un mundo que permitiría la disfrutar la experiencia de vivir con el mínimo dolor posible: ama al prójimo como a ti mismo. Este mensaje parece simple y fácil de poner en práctica para cualquier adulto con una conciencia a nivel básico, pero lleva tal carga de responsabilidad personal que, después de dos milenios sigue siendo inabordable para el ser humano medio, ni te cuento ya para, como se suele decir, el españolito de a pie. Al que se le ocurra coger su cruz, lo primero es ponerlo a caer de un burro, de tonto p’arriba, luego encerrarlo por loco, y luego ya si eso, después de bien muerto y enterrado, se puede decir que era un santo.

Porque claro, el desarrollo de la conciencia es escaso en un marco en el que se nos educa en el miedo desde parvulitos, se nos transmite que el amor al prójimo es debilidad y tontuna, y se nos obsesiona con la inteligencia, la supervivencia y la acumulación de recursos. Por eso ocurre que cuando la gente se ama mucho a sí misma, suele despreciar al prójimo, y viceversa. Los dos pecados son igual de malos, aunque parezca que uno tiene, a corto plazo, más ventajas materiales que el otro. Por eso el ser humano lleva dos mil años dando rodeos para evitar ponerse frente a la responsabilidad que el Creador le ha ofrecido: dos mil años trasladando esa responsabilidad personal de la elección entre el bien y el mal a unas supuestas jerarquías que ya nos dicen lo que hay que hacer y que, preferiblemente, ya nos lo darán todo mascado desde arriba: iglesias, partidos, gobiernos, uenehés, onus, otans, etc. Este es el ser humano de hoy: asustado, ignorante, apático y falazmente encasillado en su bando: izquierda/derecha, vegano/carnívoro, animalista/taurino, madrí/barsa y así nos las den todas. Apuntarse a cualquier credo ya manufacturado antes que pensar por uno mismo y decidir.

En el camino de la conciencia, el ser humano es un recién nacido tecnológicamente súper dotado. Sospecho que hay muchos grandes males por llegar que harán que los grandes males del pasado parezcan despedidas de soltero subidas de tono. Nos seguiremos empeñando durante siglos en que tal o cual partido, tal o cual religión, tal o cual imperio nos va dar el mundo ideal. Todo para evitar aprender a amarnos a nosotros mismos en primer lugar y amar al prójimo de la misma e irrevocable manera. Todo para evitar ponernos delante del espejo y aceptar que la responsabilidad de lo que pasa en la matrix de esta realidad es el agregado de las responsabilidades individuales de lo que hacemos cada día cada uno de nosotros. Yo no he sido, nos decimos. Pero resulta que sí, que he sido yo. No hay manera de escaparse de la elección. No hay sitio donde esconderse. Eligiendo o no eligiendo, el mundo vamos haciendo.

¿Espacio-tiempo continuo o discreto?

Una de las discusiones de más largo recorrido en la historia de la física es la que se refiere a la naturaleza esencial del tejido de la realidad, del universo, del espacio-tiempo, o sea, la dicotomía continuo/discreto o analógico/digital. La impresión general entre los mejor informados es que como la física moderna se ha desarrollado con una formulación matemática, sobre todo el cálculo diferencial e integral, que supone entidades continuas (magnitudes representadas por funciones continuas), lo lógico es que la naturaleza de la realidad sea igual que la de las funciones que la representan con tanto éxito en la predicción de todo tipo de experimentos, o sea, continua. La teoría de la gravedad de Newton, que sigue permitiendo a fecha de hoy enviar sondas espaciales a millones de kilómetros de distancia con errores despreciables, o la relatividad de Einstein que permite el uso de sistemas de posicionamiento con errores despreciables, e incluso gran parte de la formulación matemática de la mecánica cuántica están desarrolladas mediante entidades matemáticas continuas.

Sin embargo ya Max Planck, hace cien años, tuvo que hacer la hipótesis de que la energía se transmitía por paquetes, es decir de forma discreta, para evitar la aparición de términos infinitos en su estudio de la radiación de un cuerpo negro. A partir de la constante de Planck y de su suposición de que todos los procesos energéticos pueden verse como la adición de estados discretos, surgen los números de Planck para el espacio y el tiempo. Por lo que yo tengo entendido, no se puede deducir de esto que el universo esté pixelado con bloques del tamaño de las unidades de Planck. Son unidades cómodas para operar con las ecuaciones cuánticas, pero son tan diminutas que resultan inalcanzables a la capacidad de observación de los mejores instrumentos de hoy y del futuro a largo plazo. Muchos resultados teóricos de la mecánica cuántica parecen apuntar sospechosamente a una falta de continuidad en las microescalas del tejido del universo, pero no la confirman con la certeza deseada. Lo que sí quedó claro después del teorema de Bell es que el concepto de realismo local, tal y como se entiende en física clásica, no aplica a la mecánica cuántica y esto ya da que pensar.

Estamos en agosto de 2017 y el debate continuo/discreto aplicado a las escalas pequeñas de la realidad sigue abierto. Además, este debate lleva dentro de sí varias discusiones complementarias y muy relacionadas, a las que en mi libro yo me he referido como las luchas del tiempo. Entre esas controversias está la que se refiere a las grandes escalas y que podría llamarse la controversia infinito/finito. Veamos: la lógica apunta a que un universo continuo, o analógico en lo pequeño, debería ser infinito a gran escala (y no digo ilimitado, como podría ser un universo tipo circunferencia en 1D, digo claramente infinito), pues si no hay partes simples en lo pequeño, tampoco debería haberlas en lo mediano ni en lo grande. De igual manera lo discreto o compuesto por partes simples, no puede adicionarse infinitamente para lograr un infinito real, pues ahí nunca llegaríamos porque siempre habría una parte más que adicionar. Esto es así, y los pimientos son asaos, aunque la aritmética nos permita abstraer infinitos virtuales como una serie de números en la que siempre hay uno después del último que hemos escrito.

Lo que sí es erróneo es pensar que el debate continuo/discreto fue iniciado por Planck o por la mecánica cuántica. Se trata de una rica controversia que tras encenderse ya con los presocráticos, avivarse con los clásicos, y reanimarse en la era de la revolución científica, con las famosas disputas epistolares entre Newton y Leibniz, parece tener combustible para largo. La línea de los que apoyaban un universo discreto se puede trazar hasta Parménides y fue heredada después por Aristóteles, quien razonó que el espacio no podía ser infinito, puesto que entonces podría ser llenado por un cuerpo infinito, de tamaño y masa infinitos, lo cual era absurdo. La otra línea arranca de Heráclito y pasa por Platón y por Newton para llegar a Einstein, que siempre creyó en un espacio-tiempo continuo, o analógico, a nivel fundamental y concluyó que las extravagancias de la mecánica cuántica, como la “misteriosa acción a distancia” del entrelazamiento, demostraban que era una descripción incompleta del universo y que había variables ocultas aún por descubrir.

Sin embargo hay ciertas inconsistencias en las posturas de estos sabios, que hasta Einstein siempre parecen contemplar al espacio y al tiempo como entes heterogeneos y distintos. Si Platón y Newton pensaban en una realidad continua, no derivaban de eso la infinitud del espacio, ni tenían problema en concebir un principio para el tiempo. Platón se había cuidado incluso de definir al tiempo como una especie de copia “móvil” de la eternidad. En el otro lado las cosas tampoco eran completamente coherentes. Aristóteles pensaba en un espacio finito y discreto, sin embargo concebía un tiempo sin principio ni fin, es decir, más o menos eterno o infinito. Pero si algo parece estar claro a estas alturas de la historia científica es que, sea como sea el fondo de la realidad, será igual para el espacio y para el tiempo, pues dado que a las escalas de la relatividad ambas entidades se consideran una sola llamada espacio-tiempo, y dado que todos los experimentos relativistas han resultado y siguen resultando confirmaciones de la teoría con un grandísimo nivel de precisión, no tiene sentido pensar que a ninguna otra escala ambas entidades se separen hasta el punto de tener hechuras elementales distintas, pongamos por caso un espacio continuo y un tiempo discreto. En resumen: si el espacio resulta ser continuo a escalas elementales, parece claro que será infinito a escalas globales y eso implica que el tiempo será también continuo y eterno. Y al contrario, un espacio discreto implica finitud (aunque sea exenta de límites) y va acompañado de un tiempo discreto y caduco.

Hablando del tiempo en particular, en mi libro La historia oculta del tiempo, me ocupo de los razonamientos lógicos que resultan de considerar la continuidad a nivel fundamental, que llevan a la conclusión de que la propia noción de movimiento o proceso se desmorona. La continuidad absoluta no se opone al desencadenamiento de procesos, pero se trata de procesos infinitos en los que realmente “no pasa nada” en ningún sitio del espacio. Para que haya cambios reales en localizaciones concretas se necesitan estados discretos entre los que saltar. Entre medias de esos estados discretos queda aquello que podríamos llamar la nada, o sea, lo que no es, que junto a lo que es, forma el todo. Pero esto ya son palabras mayores y poco “físicas”. Habrá que ver si las nuevas ideas sobre el universo holográfico y las atrevidas, pero cada vez más apoyadas ideas sobre universo simulado, arrojan alguna luz sobre esta discusión. Mientras tanto, yo me inclino por el equipo de Parménides, Aristóteles y Leibniz: espacio-tiempo discreto y finito, aunque ilimitado. Pero si quieres conocer bien los argumentos de ambas partes y decidir por ti mismo, te recomiendo la lectura de mi libro.

Libro La historia oculta del tiempo

Clavileño: una experiencia 4D

Hace unos años, durante una visita a la gran noria de Londres, asistí a una proyección de lo que entonces se llamaba sistema 4D. La cosa consistía en que se acompañaba la emisión de un documental que veías con gafas 3D, con el salpicado, coordinado con las imágenes, de algunas gotas de agua cuando salía la ola y con el soplido de aire caliente cuando el volcán entraba en erupción. Las mentes pensantes del mundo del entretenimiento no paran de hacerse la cabeza caldo para sacarnos los cuartos de bolsillo. Pero sobre todo, este episodio 4D me recordó la peripecia de ficción que don Quijote y Sancho pasan en el episodio de Clavileño. El caballo mágico hecho de madera no escapa al enfoque pesimista, en general, y a la vista de las experiencias quijotescas, que Cervantes pone sobre las tecnologías de su época.

Como en el caso del documental 4D que yo vi en Londres, también los duques han dispuesto la tramoya necesaria para que, mientras tienen vendados los ojos, amo y escudero sientan vientos, brasas y explosiones a base de fuelles, abanicos y cohetes tronadores. Clavileño ha sido fabricado por el gran mago Merlín y se gobierna con una clavija que tiene en la frente y que le sirve de arranque y freno. De esta manera vuela por los aires con tanta ligereza que:

Parece que los mesmos diablos le llevan

Y se diría que sus mecanismos de vuelo están compensados por sistemas de navegación GPS con giróscopos, pues es tan estable que:

Se puede beber en taza sobre él

Clavileño es una máquina que no come, ni duerme, ni gasta en herraduras. Con él, el gigante Malambruno hace viajes por diversas partes del mundo. Merlín se lo regaló a Pierres, y éste aprovechó para hacer con él grandes viajes y realizar dudosas hazañas, como el secuestro de Magalona.

Hoy está aquí, mañana en Francia, el otro día en Potosí

Merlín, el creador de Clavileño, es ya en época de Cervantes el francés archimago legendario, profeta, astrólogo y príncipe de los encantadores. En la cueva de Montesinos se nos aclara que no es que sea hijo del diablo, sino que:

Supo un punto más que el diablo

En la caravana del bosque que los duques también montan como pantomima engañosa, el propio Merlín se presenta como:

Príncipe de la magia y monarca, archivo de la ciencia zoroástrica…

Ciencia magia y religion en el Quijote

Dos problemas temporales: duración y simultaneidad

Poincaré identificó en 1898 los dos problemas fundamentales relativos al tiempo como magnitud física clásica con una dimensión escalar:

Henri Poincaré (por Eloy Caballero)
Henri Poincaré (por Eloy Caballero)
  1. El problema de la duración: ¿Es un minuto de hoy igual que un minuto de hace diez millones de años?
  2. El problema de la simultaneidad: ¿Es el ahora de aquí igual que el ahora de la estrella Sirio?

Las soluciones a estos dos problemas en el marco de la física newtoniana son triviales. Veamos:

  1. El problema de la duración es, en realidad, una reformulación de la cuestión sobre la homogeneidad de la dimensión tiempo, cuya respuesta es afirmativa: sí, el tiempo es homogéneo y un minuto de hoy es igual que un minuto de siempre. No debemos confundir la homogeneidad con la anisotropía. Está claro que incluso en el marco newtoniano, el tiempo es homogéneo, pero claramente anisótropo, pues “discurre” en la dirección privilegiada desde el presente hacia el futuro y va dejando “atrás” al pasado.
  2. El problema de la simultaneidad se resuelve acudiendo a la concepción absoluta que Newton tenía del tiempo, o sea, hay un tic tac universal que ocurre simultáneamente en todas partes.
Ernst Mach (por Eloy Caballero)
Ernst Mach (por Eloy Caballero)

Sin embargo Ernst Mach criticó duramente el concepto newtoniano del tiempo con una idea interesante de tipo relativista que iba a inspirar a Einstein. Mach decía que las leyes de Newton solo se pueden verificar cuando uno se refiere a un sistema físico que, por mucho que uno lo enuncie, no se puede aislar del resto de estrellas (ahora ya diríamos, y de galaxias, y agujeros negros, y quasares) del universo. Esos componentes están presentes cada vez que tomamos medidas en nuestros experimentos mecánicos. Aunque solo estemos dejando caer un bote de tomate por la rampa de la calle, ahí está Sirio enredando. En el fondo de la propuesta de Mach está la idea de que el universo se define por la presencia y ubicación relativa de todo lo que está en él. Esto es lo que permite el cambio y que la noción de tiempo surja de ahí. Imaginemos un mundo que es, simplemente un enjambre de abejas volando sin ningún marco de referencia. Todo lo que tienen es las posiciones relativas entre ellas, y a partir de ahí definen el tiempo.

Albert Einstein (por Eloy Caballero)
Albert Einstein (por Eloy Caballero)

En el marco relativista ya no se pueden dar estas respuestas. Einstein resuelve bien el problema de la simultaneidad, a través de la transformación de Lorentz, pero el problema de la duración, es decir, el de la homogeneidad, queda sin resolver. ¡Ojo! No confundamos la duración relativa de acuerdo a la presencia de masa o velocidad con la homogeneidad a la que nos referíamos al principio, es decir con esa especie de duración “absoluta” que resulta de comparar un minuto del año 2017 con un minuto de hace cien millones de años. Es evidente que también a este respecto Einstein introduce nociones asombrosas, como que la duración entre dos eventos depende del observador e incluso desde el punto de vista de la luz la duración de todo se alarga hasta el infinito, o la eternidad. El problema de la homogeneidad queda sin respuesta relativista. Einstein no lo atacó. Hoy en día tenemos, quizás, una respuesta cosmológica, según la cual la historia del factor de escala de expansión del universo ha sido variable, lo que nos llevaría a contestar negativamente a la cuestión de la homogeneidad.

Los minutos nunca son iguales y los “ahoras” varían según la ubicación. ¡Vaya universo que tenemos!

En fin, si te gustan las disquisiciones sobre el tiempo, te gustará mi libro: La historia oculta del tiempo.

Libro La historia oculta del tiempo

Eternalismo y perspectiva temporal

¿Existe el pasado, pero no el futuro? ¿Se puede “pescar” en el tiempo?

Espacialmente hablando, si dirigimos la mirada a lo lejos y contamos con la diferencia de alturas apropiada, nuestra vista divisa una apreciable perspectiva. Abstraigámonos por un momento y pensemos en un espacio completamente congelado, estático, sea eso lo que sea. Aunque nada en el universo parece estar en estado estático, parece que nuestra mente si lo puede concebir, a diferencia, por ejemplo, de la eternidad, que aunque bien podría ser la realidad última, es algo que sobre lo que sí que nos cuesta mucho hacernos una idea, más allá de la simplicidad de “todo el tiempo”. Digo, en un universo completamente estático estamos. Miras para un lado y la perspectiva espacial se concentra en lo que llamamos punto de fuga. Eso está relacionado con nuestro sistema de visión, pero también lo estaría, entiendo, con cualquier sistema de recepción de ondas electromagnéticas en un marco espacial.

Ahora bien, cuando miras lejos en el espacio, también miras atrás en el tiempo. La imagen de lo que estás viendo te llega a velocidad “c”, y si tú fueras capaz de caminar a “2c”, podrías dar un pisotón en el suelo, apresurarte a un sitio diferente, mirar a donde diste el pisotón y verte dándolo. Ahí es nada. Si doblaras la velocidad a “4c” podrías incluso volver y conseguir que el mismo pie se diera un pisotón a sí mismo, valga la redundancia. El principio de causalidad estaría muerto. Pero Einstein nos enseñó que la estructura del espacio-tiempo está trabada de forma conjunta, mirar a lo lejos es mirar al pasado, y no hay una dirección en la que puedas mirar y ver el futuro, igual que puedes ver todas las direcciones espaciales. Temporalmente solo puedes ver el pasado, y en concreto solo puedes ver el pasado de aquellos objetos sobre los que ya no puedes ejercer influencia causal. Esta es la estructura del universo.

Yo me digo: ¿no será precisamente esto, el hecho de que el futuro no esté accesible ni para mirar y de que el pasado solo este visible en zonas aisladas de ti por el principio de causalidad, no será todo esto una prueba, o un indicio de que, en efecto, Einstein tenía razón y todo está ahí eternamente, sin referencias temporales, sino con unas referencias espacio-temporales que podemos resumir en el principio de causalidad? Esto es el eternalismo, el punto de vista temporal que se opone al presentismo.

Parece claro que una primera solución al enredo del tiempo pasa por aceptar como válida la hipótesis de que el pasado está ahí siempre, pues para verlo no hay más que mirar a lo lejos, y siempre encontraremos a alguien a la distancia apropiada para ver a Napoleón, a César o a los dinosaurios. Pero no se puede interactuar con él por las limitaciones que impone “c”. No sirve de nada mandar una petición a una estrella distante 2000 a.l. para que espíen el asesinato de Calígula y nos informen. Si tuvieran buenísimos telescopios, ellos lo podrían estar viendo ahora, pero cuando les llegue nuestra petición, habrán pasado otros 2000 a.l. En el supuesto de que lo estén haciendo motu proprio, nos informarían y esos datos llegarían aquí dentro de 4000 años. Llamamos principio de causalidad a esa propiedad resultante en nuestra realidad que implica que, aunque las podemos ver de acuerdo a su distancia a nosotros, no podemos interactuar con esas cosas ya pasadas ni hay trucos que valgan para hacer que otros interactúen.

Si se acepta esta hipótesis de que el pasado parece estar siempre ahí, y desde luego el espacio también lo está, aunque se expanda, parece que ya no cuesta tanto aceptar que el futuro también puede estar siempre ahí, solo que, otra vez aplicando las restricciones del principio de causalidad, no está a la vista para nadie, aunque nuestros actos sí que pueden influir sobre él.

Pasado: Está siempre ahí. Se puede ver todo desde ubicaciones convenientemente distantes, pero ya no se puede influir en él

Futuro: Está siempre ahí. Aunque está ahí, no se puede ver desde ninguna ubicación, pero se puede influir en él con los actos presentes.

Este podría ser el espacio-tiempo einsteniano, una especie de todo-uno que está “siempre” ahí, aunque estar inmersos en él conlleva las limitaciones del principio de causalidad. Para alguien que observe desde fuera y cuente con el añadido de algunas dimensiones espacio-temporales extra, sería perfectamente posible observar siempre que quisiera y de forma temporalmente dinámica toda la línea vital de cualquier región u objeto. Desde la dimensión espacial extra observaría todo nuestro espacio, y desde la dimensión temporal extra observaría todo nuestro tiempo.

¿Qué es lo que chirría en todo esto? Pues que si el futuro está ahí permanentemente, entonces ¿cómo es posible que desde nuestra realidad podamos influir sobre él, o sea cambiarlo a través del libre albedrío? Esto parece contradictorio. Si el futuro está siempre ahí, entonces es como si estuviera escrito en algún sitio. No hay respuestas certeras, pero una vez que hemos aceptado todas estas hipótesis, ya no cuesta tanto pensar que tal vez el libre albedrío solo sea el resultado de nuestra percepción encajonada en esa dimensión temporal, y que desde ese hipotético súper-tiempo exterior, el libre albedrío no signifique nada más allá de una propiedad curiosa, y algo que a nosotros nos sirve en términos evolutivos estrictamente inherentes a esta realidad. A mí me puede parecer que la decisión caprichosa de hacerme torero ahora mismo cambiará toda mi realidad futura, pero: ¿No será eso solo la apariencia que tendría esa serie de eventos para los que estamos inmersos en esta jaula espacio-temporal? Podría esa ocurrencia mía verse, desde una súper temporalidad externa, como algo que “siempre” estuvo ahí. Es evidente que “siempre” es inapropiado aquí y que nos faltan palabras para pensar sobre el tiempo y que esta no es la única forma de verlo. Hablaré más sobre el tiempo. De estas y otras cosas temporales hablo largo y tendido en mi libro: La historia oculta del tiempo

 

El capitán Ajab y la conciencia desequilibrada

Herman Melville, retrato
Herman Melville, por Eloy Caballero

Herman Melville plantea su novela, Moby Dick, como una alegoría de la sociedad de su tiempo. La sociedad tecnológicamente avanzada se ha lanzado a la explotación indiscriminada de los recursos naturales porque está cegada por el dinero. Los señores tienen ansia de lucro para mantener su posición controladora; los mandos intermedios implementarán las órdenes a cambio de una posición privilegiada; los sirvientes y parias están hipnotizados por ese doblón de oro que Ajab clava en el mástil del barco. Todo el mundo parece tener un precio y todo el mundo es susceptible de control hipnótico, si la apropiada cantidad de dinero se le pone enfrente.

El cachalote albino Moby Dick representa a la naturaleza, que es la madre que nutre y mantiene al sistema y que, a pesar de eso, ve como sus hijos, crecidos por su dominio de la técnica, y guiados por el más desequilibrado: el psicópata Ajab, se vuelven contra ella y están dispuestos a destruirla.

Ajab tiene un trastorno grave de disociación de la personalidad. Uno de los marineros viejos lo aclara cuando dice: “tus pensamientos han creado en ti a otro que te gobierna“. Y con esta frase Melville nos está mostrando también que todo empieza con los pensamientos. Por eso es tan importante que nuestros pensamientos sean los correctos, si no queremos caer en el desequilibrio mental. Todo lo que existe en el mundo ha sido antes pensado. Si el pensamiento pasa después por el filtro del corazón, es decir, del sagrado femenino, de las emociones, del amor completo a la naturaleza (personas, animales, cosas), entonces podemos pasar a emprender las acciones correspondientes, pues con seguridad estarán alineadas con la moral y con la verdad.

Si pasamos directamente desde el pensamiento a la acción, sin asegurarnos antes de que nada ni nadie sufra daño innecesario, de que no robamos, de que no pisoteamos, entonces estaremos cometiendo una inmoralidad; como Ajab. Por eso engaña a la tripulación, haciéndoles creer que van en un viaje de trabajo, cuando lo único que persigue es la venganza, sabiendo que eso les costará la vida a todos. Ajab ignora todo el daño que va a hacer a personas, propiedades y medio ambiente. Está incapacitado para desempeñar una posición de responsabilidad desde que el trauma de su anterior encuentro con Moby Dick le causó esa división de la personalidad.

Ajab ocupa una posición clave en la sociedad de su tiempo: la del poder ejecutivo. Es vital para cualquier sociedad, que los que detentan este poder actúen siempre después de haber pasado sus propuestas por el filtro del sagrado femenino, o sea, después de asegurarse de que no dañan a otros, de que no dañan a la naturaleza. La organización social y económica del ser humano de hoy es la misma que la de la época de Ajab, solo que la  presión sobre el medio ambiente, y la capacidad tecnológica de dañarlo son infinitamente mayores. Hay algo que me hace sospechar que Ismael y el resto de los marineros del Pequod son conscientes de la maldad en la que los está embarcando Ajab y que, o bien no hacen nada porque esperan dinero, o bien permanecen pasivos porque prefieren siempre que sea otro el que asuma la responsabilidad, para así poder decir que ellos no tienen la culpa de nada. Como seres humanos autónomos y responsables tenían más opciones. La primera es haber pensado de forma diferente y haberse negado a embarcar. La segunda es haberse amotinado y quitarle el poder ejecutivo a ese lunático que los llevaba a la perdición y se proponía destruir un ser vivo de rara belleza: el cachalote albino.

 

Inteligencia, codicia y crisis financiera

Cada vez más listos, cada vez con más medios, pero seguimos cometiendo los mismos errores.

Uno de los contrasentidos más grandes de la reciente crisis financiera que no terminamos de superar es el misterio de la inteligencia mal empleada, que se puede resumir así: Siendo evidente que cada vez la gente está más preparada y con más estudios, y que cada vez contamos con más medios auxiliares, es decir, que contamos con más capacidad intelectual y computacional: ¿Cómo es posible que sigan ocurriendo catástrofes como el batacazo financiero de 2008?

El primer error está en pensar que el aumento de la capacidad de eso a lo que llamamos inteligencia es, en sí mismo, bueno para el ser humano. Llamamos inteligencia a la mera capacidad intelectual de una persona y la sobrevaloramos todos los días. Alabamos a los niños y mayores que tienen altos Coeficientes de Inteligencia, IQ, cuando eso solo representa la parte lógica y analítica de sus mentes, pero no nos da ninguna muestra de la parte creativa, de la parte intuitiva y mucho menos de la parte amorosa o cariñosa o cuidadora, como queramos llamarla. Los padres se funden de orgullo ante un hijo tan “listo”, sin preocuparse de si es capaz de cuidarse de las cosas que le importan como individuo y como parte del grupo. Creen que esa gran capacidad intelectual ya es la garantía para un buen puesto y un buen sueldo y el resto les importa un pimiento. Las plantillas de las corporaciones estaban a rebosar de primeros espadas, brillantes mentes analíticas que hacían complejísimas hojas de cálculo en las que estimaban los dividendos de unas inversiones que, al fin y a la postre, estaban llevando al mundo al trompazo. Casi nadie entre esas lumbreras se preocupó por ir más allá de la lógica de sus modelos, por denunciar la realidad que subyacía ese sistema de hipotecas “subprime” y acciones preferentes. Los que lo sabían, preferían ignorarlo y seguir instalados en el corto plazo, pensando de una forma, sintiendo de otra, y actuando de otra. Los que no lo sabían, ni se molestaron en investigarlo porque la parte de su mente que se ocupa del cariño al mundo, de la preocupación por los demás y por su ambiente, estaba apagada, muerta, cortocircuitada, pese a ese enorme IQ que lo hace digno de entrar en Mensa.

El segundo error es la codicia; la religión del dinero. A nivel individual, un trabajo con mejor sueldo es mejor que otro, sea cual sea el resto de las circunstancias. Las madres ya no recomiendan a sus hijos que hagan lo que les gusta, sino que hagan aquello en lo que ganen más dinero. A nivel de corporaciones, el gestor quiere dar beneficios, no ya durante el primer año, sino incluso durante el primer mes que está a cargo. Y si hace falta se falsifican las cuentas. A nivel de estados casi prefiero no hablar porque sus cimientos, que son la educación de la gente, están corrompidos. En nuestros sistemas educativos modernos, todo está orientado a potenciar las capacidades analíticas y lógicas que construyen el IQ, y le pueden dar dos duros a la creatividad, a la intuición y al cariño y la preocupación por el mundo. El mundo está para explotarlo y sacar beneficio inmediato, como está pasando con el “fracking”. Lo que pase con los que vengan detrás no es cosa nuestra. Y así nos las van a seguir dando todas mientras no cambiemos. El cortoplacismo manda, el salvándome yo, el que venga detrás que arree. ¿Y te salvas tú? No. Nos caemos todos.