Eternalismo y perspectiva temporal

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¿El pasado existe y el el futuro no? ¿Se puede pescar en el tiempo?

Espacialmente hablando, si dirigimos la mirada a lo lejos y contamos con la diferencia de alturas apropiada, nuestra vista divisa una apreciable perspectiva. Abstraigámonos por un momento y pensemos en un espacio completamente congelado, estático, sea eso lo que sea. Aunque nada en el universo parece estar en estado estático, parece que nuestra mente si lo puede concebir, a diferencia, por ejemplo, de la eternidad, que aunque bien podría ser la realidad última, es algo que sobre lo que sí que nos cuesta mucho hacernos una idea, más allá de la simplicidad de “todo el tiempo”. Digo, en un universo completamente estático estamos. Miras para un lado y la perspectiva espacial se concentra en lo que llamamos punto de fuga. Eso está relacionado con nuestro sistema de visión, pero también lo estaría, entiendo, con cualquier sistema de recepción de ondas electromagnéticas en un marco espacial.

Ahora bien, cuando miras lejos en el espacio, también miras atrás en el tiempo. La imagen de lo que estás viendo te llega a velocidad “c”, y si tú fueras capaz de caminar a “2c”, podrías dar un pisotón en el suelo, apresurarte a un sitio diferente, mirar a donde diste el pisotón y verte dándolo. Ahí es nada. Si doblaras la velocidad a “4c” podrías incluso volver y conseguir que el mismo pie se diera un pisotón a sí mismo, valga la redundancia. El principio de causalidad estaría muerto. Pero Einstein nos enseñó que la estructura del espacio-tiempo está trabada de forma conjunta, mirar a lo lejos es mirar al pasado, y no hay una dirección en la que puedas mirar y ver el futuro, igual que puedes ver todas las direcciones espaciales. Temporalmente solo puedes ver el pasado, y en concreto solo puedes ver el pasado de aquellos objetos sobre los que ya no puedes ejercer influencia causal. Esta es la estructura del universo.

Yo me digo: ¿no será precisamente esto, el hecho de que el futuro no esté accesible ni para mirar y de que el pasado solo este visible en zonas aisladas de ti por el principio de causalidad, no será todo esto una prueba, o un indicio de que, en efecto, Einstein tenía razón y todo está ahí eternamente, sin referencias temporales, sino con unas referencias espacio-temporales que podemos resumir en el principio de causalidad? Esto es el eternalismo, el punto de vista temporal que se opone al presentismo.

Parece claro que una primera solución al enredo del tiempo pasa por aceptar como válida la hipótesis de que el pasado está ahí siempre, pues para verlo no hay más que mirar a lo lejos, y siempre encontraremos a alguien a la distancia apropiada para ver a Napoleón, a César o a los dinosaurios. Pero no se puede interactuar con él por las limitaciones que impone “c”. No sirve de nada mandar una petición a una estrella distante 2000 a.l. para que espíen el asesinato de Calígula y nos informen. Si tuvieran buenísimos telescopios, ellos lo podrían estar viendo ahora, pero cuando les llegue nuestra petición, habrán pasado otros 2000 a.l. En el supuesto de que lo estén haciendo motu proprio, nos informarían y esos datos llegarían aquí dentro de 4000 años. Llamamos principio de causalidad a esa propiedad resultante en nuestra realidad que implica que, aunque las podemos ver de acuerdo a su distancia a nosotros, no podemos interactuar con esas cosas ya pasadas ni hay trucos que valgan para hacer que otros interactúen.

Si se acepta esta hipótesis de que el pasado parece estar siempre ahí, y desde luego el espacio también lo está, aunque se expanda, parece que ya no cuesta tanto aceptar que el futuro también puede estar siempre ahí, solo que, otra vez aplicando las restricciones del principio de causalidad, no está a la vista para nadie, aunque nuestros actos sí que pueden influir sobre él.

Pasado: Está siempre ahí. Se puede ver todo desde ubicaciones convenientemente distantes, pero ya no se puede influir en él

Futuro: Está siempre ahí. Aunque está ahí, no se puede ver desde ninguna ubicación, pero se puede influir en él con los actos presentes.

Este podría ser el espacio-tiempo einsteniano, una especie de todo-uno que está “siempre” ahí, aunque estar inmersos en él conlleva las limitaciones del principio de causalidad. Para alguien que observe desde fuera y cuente con el añadido de algunas dimensiones espacio-temporales extra, sería perfectamente posible observar siempre que quisiera y de forma temporalmente dinámica toda la línea vital de cualquier región u objeto. Desde la dimensión espacial extra observaría todo nuestro espacio, y desde la dimensión temporal extra observaría todo nuestro tiempo.

¿Qué es lo que chirría en todo esto? Pues que si el futuro está ahí permanentemente, entonces ¿cómo es posible que desde nuestra realidad podamos influir sobre él, o sea cambiarlo a través del libre albedrío? Esto parece contradictorio. Si el futuro está siempre ahí, entonces es como si estuviera escrito en algún sitio. No hay respuestas certeras, pero una vez que hemos aceptado todas estas hipótesis, ya no cuesta tanto pensar que tal vez el libre albedrío solo sea el resultado de nuestra percepción encajonada en esa dimensión temporal, y que desde ese hipotético súper-tiempo exterior, el libre albedrío no signifique nada más allá de una propiedad curiosa, y algo que a nosotros nos sirve en términos evolutivos estrictamente inherentes a esta realidad. A mí me puede parecer que la decisión caprichosa de hacerme torero ahora mismo cambiará toda mi realidad futura, pero: ¿No será eso solo la apariencia que tendría esa serie de eventos para los que estamos inmersos en esta jaula espacio-temporal? Podría esa ocurrencia mía verse, desde una súper temporalidad externa, como algo que “siempre” estuvo ahí. Es evidente que “siempre” es inapropiado aquí y que nos faltan palabras para pensar sobre el tiempo y que esta no es la única forma de verlo. Hablaré más sobre el tiempo. De estas y otras cosas temporales hablo largo y tendido en mi libro: La historia oculta del tiempo

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La leyenda de la partida eterna

La leyenda de la partida eterna small¡Qué tontería! No me importa. No me importa. Todas las cosas que no me importan están metidas en una caja de cartón. Se cierra con cinta aislante y no se puede abrir más. Ahora pienso que lo más conveniente es envidar y así evitar los problemas que se me vienen encima si ese novicio empieza a tener la suerte del principiante.

Nubes de color rojo que descargarán pepitas de calabaza en un mundo plano ¿Por qué tengo estas visiones desde que entré en el dichoso bar de carretera? Son como un carrusel imparable. Vienen por lo lejos jinetes que quieren cosas. La vida quiere cosas. Aquí están ya los cuatro cerdos de la piara real. Bañados en pintura metálica, beben vino romano desplazado en el tiempo. Miran los programas chuscos de la televisión y comen hechura de aquella de la que se alimentaban los cerdos en el cenagal del corral de abajo. Allá donde voy oigo sus gruñidos y siento su mal olor. ¿Qué es el corral de abajo?

¿Saben cómo llegué aquí? Tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para arrastrarme por aquella franja de tierra. Estuve a punto de caerme al pozo de verdes aguas, tornasolada cripta que no pudieron evitar tantos conocidos. Sí, tantos, pero ¿Quiénes?

Aquel día todos me esperaban ya sentados a la mesa, queridos compañeros con los que iba a jugar la gran partida, la que no termina nunca. Cuando yo llegué, ellos llevaban eones bebiendo cubatas inocuos y comentando los avatares de sus vidas anteriores, los recodos donde tomaron el mal camino, donde a pesar de ser los aventajados, erraron el paso. Me pregunto cómo pueden acordarse de esas cosas. Yo daría todo lo que tengo por recordar detalles de mi vida ¿Quién soy? ¿Cómo llegué a esta dimensión? Debí darme un golpe en la cabeza al atravesar el portal. Y al fin y al cabo, no tengo nada.

El camarero que nos sirve está contento en su bar ¿Por qué? ¿Por qué todo el mundo es feliz en un limbo que existe, pero que no es como el que el papa anuló antaño? ¿Qué es el papa? El limbo es un bar de carretera rodeado por la niebla gris cerrada donde de vez en cuando pasará un coche con más almas extraviadas que, si no saben jugar, se limitarán a rodear a los expertos, observando el desarrollo de las partidas durante toda la eternidad ¿Qué prisa hay?

Pero les contaré más detalles de mi aventura al llegar aquí. Una mujer se me acercó arrastrándose, mientras yo miraba por el brocal del pozo de aguas verdes, y me gritó al oído:

-Muchos de los que aún no estamos allí, ya nos vamos dando cuenta de que los avanzados no han hecho más que anticipar un camino que todos tenemos trillado desde nuestra infancia: el camino del trabajo deslomante en el campo y el alterne nocturno en esos bares en los que cada uno pone en juego lo poco que le sobra. Allí demostrarán su astucia esos hombres y mujeres que no quisieron saber de matemáticas o de física, pero sí de leyes de la vida, no de teoría de las armas, pero sí de la práctica de ellas. Yo no me cuento. Esa práctica se mezclará en las partidas como el aceite que lubrica los engranajes de esa complicada máquina que fue la vida, que fue, que fue, que fue ¿Estaba el eco sólo en mi cabeza?

-¿Por qué me gritas?- le pregunté, asustado, y sorprendido de oír aquellas palabras en la boca de una mujer.

-Para que no nos oigan, pequeño cretino- me contestó con desdén. Después me ordenó:

-Sígueme.

Ella se adelantó fácilmente, arrastrándose con un estilo que solo podría definir si supiera el nombre de ese animal al que me han dicho los que tienen recuerdos, que en la otra dimensión llaman serpiente. Pero al llegar a la puerta del bar se irguió, y entre la densa niebla, la sierpe se hizo dama elegante, sujetando un candelabro mientras me abría la puerta con amabilidad.

-¡Quiero ser tuyo! Huyamos juntos de aquí-le dije sinceramente. No sé de donde saqué el sentimiento. ¿Quedaba en mí algo del instinto de preservación de la especie?

-Dije cretino, pero eres algo peor- se limitó a asegurar ella con una sonrisa, mientras me señalaba el interior. Y añadió:

-Adelante. Te esperan.

Tomé mi sitio y llevo ya jugando varias eternidades. Sé que un día la niebla despejará y nos sabremos todos solos ante el tiempo, mientras bebemos cubalibres, fumamos y envidamos a los restos en la penumbra de esa habitación trasera del bar con las cortinas echadas, con los cubalibres a medio apurar. Yo sólo quiero levantarme y huir con mi dama ofídica, pero sé que nunca ocurrirá ¿Dónde he venido a parar? ¿Quién soy yo?