Mi único ovni

Mi unico ovni FS

Estuvimos escardando las pipas y llegó el crepúsculo cuando todavía nos faltaba una longuera, así que mi padre decidió alargar un poco la jornada para rematar y no tener que volver aposta otro día. Cuando plegamos y subimos al coche para volver al lugar, ya no quedaban tonos naranjas por poniente. Como yo era el más pequeño, me tocó el asiento de atrás y al empezar la marcha noté a través de la luna trasera la enorme luminaria, un poco por encima del horizonte. Quien no haya estado en el campo en una noche cerrada no se hará una idea de la enorme sensación de alarma que parece tomar al cuerpo por asalto. Se ve que llevamos grabada a fuego la programación de supervivencia y las señales de potenciales peligros incontrolados son ubicuas. Cualquier cosa puede aparecer desde cualquier sitio y no te enteras hasta que la tienes encima. En mi tierra el campo es abierto, con pocos árboles, y la sensación se multiplica por agorafobia.

Lo curioso de aquella luz es que parecía perseguir al coche. Se movía con las lomas y las curvas del camino y en el asiento de atrás se me empezó a encoger el estómago mientras daba por sentado que un ovni nos acechaba. Hablamos, quizás, de 1977, y de un niño de poco más de diez años sentado en el asiento de atrás de un coche. Delante conduce mi padre y en el asiento de al lado está mi hermano, cinco años mayor que yo. Desde su punto de vista el ovni no es visible. Ambos están, supongo, concentrados en el pequeño trecho que alumbran los faros y en que el coche no embarranque en una cuneta o se deje el cárter en uno de los numerosos baches del camino, lo cual a estas horas y en estas soledades sería ya la caraba.

Coronamos la loma tras la cual se ven las luces del lugar, pero yo no me tranquilizo porque el ovni sigue pegado a nuestro rastro. Estoy a punto de decir algo, pero me invade una sensación de ridículo infantil y me aguanto. Las luces de las farolas de los arrabales del pueblo ya matizan algo la desconocida antorcha, pero yo no salgo de mi asombro. Por fin el coche gira para encarar la entrada a la cochera y mi padre, que por fin tiene linea visual con el ovni, dice:

«Hay que ver que hermoso está el lucero esta noche.»

El lucero, que es como en los ambientes rurales de España se suele llamar al planeta Venus, es el objeto más brillante del cielo nocturno, después de el sol y la luna y mucho antes que los siguientes que son, por este orden creo, Júpiter, Sirio y Marte. Una vez leí, aunque esto no lo he comprobado, que con las condiciones apropiadas de oscuridad (luna nueva) y ausencia de obstáculos grandes, Venus es, junto al sol y la luna, una de las tres fuentes de luz extra terrestres que pueden hacer que los objetos arrojen sombra.

Venus sigue siendo a día de hoy objeto de numerosas confusiones con ovnis. En campo abierto y con noche cerrada, si uno se mueve por un terreno sinuoso en planta y rasante, tiene la viva impresión de que una luz de brillo descomunal lo sigue a todas partes. Doy fe de ello con el testimonio de este recuerdo de mi infancia, que de la forma relatada quedó grabado en mis circuitos neuronales.

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